Nota Critica a las obras por Gianleonardo Latini
crítico y periodista de arte, Roma



Desde hace mucho tiempo Claudia Bellocchi se siente entre dos continentes, entre dos mundos, dividida entre Italia y Argentina, entre la realidad y el sueño, entre lo cotidiano y la pintura.
Esto transforma a la pintura en una acción cotidiana que luego logra sintetizar los
numerosos y a veces conflictivos estímulos, que advierte al vivir entre Italia y Argentina.
Se trata de una pintura que Claudia Bellocchi convierte en concreta  sobre la base de dos axiomas: ver con los ojos y percibir con el alma. Con los ojos recoge los estímulos de la realidad que la rodea, mientras el alma elabora el gozo y la melanconía. Puede, así, afrontar con audacia la superficie de la tela para lograr una representación primaria del espacio interior. Alterna así telas con espacios mono y multicromáticos, con otras de puro color superpuestas a imágenes emulsionadas.
En las obras dedicadas a Buenos Aires, lo concreto de la pintura se conjuga con la fotografia, mientras en la serie del mundo de las sombras, solo la pincelada da una  amplia apertura al inconciente primordial de los sueños, con fuertes alusiones tribales que se muestran  entre  las copiosas sugestiones de una investigacion "antropólogica".
Sombras que penetran en la selva freudiana de los símbolos y de lo no figurado, dejando que solo improvisados fragmentos de luz se introduzcan en la soledad silvestre. Una oscuridad de "sombras" en un laberinto de remisiones antropomorfas, picos de pájaros prehístoricos, encarados por caballeros teutónicos, aparecen detras de un tronco; ojos embelesados por la danza de una ameba y monigotes reflexivos, son solo imágenes de las emociones de Claudia Bellocchi, que se muestran, sustraídas y custodiadas en su ausencia. Es una pintura como liberación en continua mutación, en la búsqueda de un equilibrio entre la luz y la oscuridad, entre el color y su aparente ausencia. Luces y sombras, dos ámbitos de expresión, que la artista luego de haber atravesado ambos, modula con amplios espacios pictóricos, en un viaje ancestral que  reune la serie de telas dedicadas a Buenos Aires y la de las Sombras.
Se evidencia de este modo la alquimia entre lo real y lo imaginario, y así los trozos de vida argentina aparecen como representaciones teatrales, mientras las visiones indistintas de las sombras se ven muy nítidas en sus contornos individuales, revelando formas concientes de su poder sugestivo.
Es una pintura que aparece y desaparece, como en el vertiginoso movimiento de los pies en un tango, con una progresión de telones interpuestos para ocultar y percibir su caída.
La pintura  se conjuga con la fotografia. Se pone, así, en escena a Buenos Aires, con la primera impresión de los inmigrantes, y la visión del puerto y los barcos del 900, conducidos por remolcadores, al deseado lugar de arribo. Se la conecta sobretodo  con el tango  que  amalgama las culturas europeas en una tierra que está muy lejos de Europa, pero probablemente la más europea de las Ámerica.
Buenos  Aires con sus plazas y obelisco que descuellan en amplios espacios, atmósferas nocturnas para interpretar el "monumento a los españoles" o jugar con el pasado y el futuro al detener el encuentro de dos personas en el Rosedal. Claudia Bellocchi se introduce en la vida de la ciudad y se deja envolver por el viento del océano y de la luz.


                                                                                                     Gianleonardo  Latini
                                                                       Roma, febrero 2010